Estamos en Yumani, el pueblo –puerto Sur de Isla del Sol, delante de la Isla de la Luna. La espera es grata. Hemos perdido el barco que nos llevaría a Copacabana a las 8:30 y estamos esperando el de las 10:30. Hoy vamos directos a La Paz.

 

La jornada en Isla del Sol ha sido maravillosa. Es curioso que ayer, muy de mañana, saliamos del hotel de Copacabana casi a gritos, para tomar el barco hacia el norte de la Isla (2h. de trayecto). El chico del hotel montó un lio de billetes a un compañero en el momento de pagar, y creemos que le estafó 5$. Encima se permitió faltarnos al respeto.

 

Esto no pudo empañar el fantástico dia que nos esperaba. El bote, aunque pequeño, iba lleno de guiris. Gente de todo el mundo, en su mayoría jóvenes. Durante el trayecto estuvimos conversando animadamente con Carlos, un antropólogo guatemalteco, que vive en México D.F. y se dedica a la docencia y al estudio de las tribus selváticas de su país, de las costumbres propias, y de las adoptadas a partir de la colonización española. Parece ser que los consejos locales, formados por ancianos, pueden llegar a castigar ciertos delitos con la cremación o la descuartización. Su tradición oral dice que es una costumbre propia, pero él sostiene y está documentando que son costumbres copiadas a los españoles y a la Santísima Inquisición. Cuánto daño habremos hecho por este mundo, en nombre de la Religión y el progreso!! La ruta por Isla del Sol es de 12 km. Llegamos al Norte y pernoctamos en el sur, nos lo tomamos con calma. La excursión nos toma unas 5 horas.

 

 

 

Estamos a 4.000m sobre el nivel del mar y vamos cargados con las mochilas. En las subiditas apenas nos queda aliento para hablar y eso que empezamos a estar bastante adaptados. La ruta empieza en ligera ascensión pero prolongada, y en sentido norte, hacia las ruinas de la isla. No dejamos de hacer fotos a este precioso paisaje, a este azul intenso del agua. El azul, las calas de la isla,… nos llegan a recordar la Costa Brava. La vegetación, en cambio, nos recuerda el parque natural del Garraf. Parece como si en cualquier momento podamos avistar el interesante templo budista que allí se encuentra.  Pero aquí tenemos siempre de fondo, presentes, las cimas de los Andes.  Todo un peine de cinco miles y seis miles ante nosotros.

 

Disfrutando de la tranquilidad del trayecto, apenas encontramos algún turista. Llegamos a la mesa ritual, ubicada enfrente de la roca sagrada. Esta Roca Sagrada –decepcionante, por otra parte- está cargada de energía, aunque solo sea por lo que significa en la cultura Aymará (de la isla) y la Inca, y por tanto, de todo lo que fue el Imperio Inca. Según la leyenda, el mundo empezó en el lago. Todo estaba oscuro, no existía la vida. Pero entonces el Sol emergió del lago Titicaca, y en esa roca hizo el amor con la Luna. De ahí nacieron los primeros Incas, Manco Capac, y Mamá Ocllo, y de ahí descendió toda la creación. Me parece una historia maravillosa para el inicio de una civilización.

 

 

En el fondo de la roca, la erosión ha esculpido el molde de un puma. No dejamos de hacer fotos a todo lo que se menea, y a lo que no también, por qué el espectáculo bién lo merece. Al fondo del lago, el continente, tierra firme, y detrás los Andes, la Cordillera del Illampu, con el Wayna Potosí, de 6.088 m. vigilante, siempre nevado, y otros picos superiores a los 6.000. Detrás hemos dejado el Apolobamba, y delante, ya avistamos el Illimani, de 6.500 m, protegiendo siempre la ciudad de la Paz,a sus pies.

 

Justo antes de tomar el camino hacia el Sur, hacia Yumani, pasamos por unas ruinas Aymarás. Sigue el camino, y nos vamos adelantando continuamente con una turista germana de mediana edad –rondando los 50 más o menos- que va con un guía local que le lleva la carga. El guia, por cierto, bipolar: antes, una compañera, le había preguntado algo, y le respondió seco y mal. Luego de tomarnos nuestros sandwichs, nos los encontramos de nuevo, y yo le pregunté algo referente al recorrido y me respondió con simpatía, y seguimos una parte del camino platicando –como dicen aquí- me señaló el Apolobamba, ElIllampu, El illimani –solícito a mis preguntas- y hablamos de la altura, y de la tremenda paliza que propinó la modesta selección de futbol de Bolivia a Argentina este pasado invierno. Fueron 7 a 1, en un match jugado en La Paz, en el que seguramente los argentinos no encontraban oxígeno por ninguna parte, totalmente inadaptados a la altitud. Pícara la sonrisa del guía a la pregunta: “pués claro”, responde.

 

Ya en el último tramo avistamos una llama pastando, perfectamente recortada contra el paisaje, y ahí que sacamos nuestras cámaras y click-click, todos a una, expertos cazadores de imágenes. Cual fué nuestra sorpresa cuando vemos bajar de la montaña a grandes saltos y con unas simples sandalias, una joven Chola, que nos quiso cobrar por hacerle fotos a su llama. De poco no se rompe una pierna!!

 

En el último kilometro y después de una excursión que nos ha parecido unánimemente magnífica, nos viene a encontrar Juan Carlos; Un niño de 13 años, aymará, que nos ofrece alojamiento en Yumani. Así se gana unas propinas, mientras se inicia en llegar a ser un guía turístico.Después de visitar algún que otro “hotelillo” desvencijado, nos quedamos en el Inti-Kala, ya exhaustos, y disfrutamos de una maravillosa puesta de sol sobre el lago, una cena tranquila con vistas al lago, también.

 

Cuando nos vamos a dormir, miramos arriba y nos extasiamos con el maravilloso espectáculo que nos ofrece el cielo, repleto de estrellas, brillantes, e incluso se aprecia la Via Láctea. Una cinta blanquecina que atraviesa el cielo. Fascinante visión que se repite al amanecer, cuando al despertar vemos todos los colores que va adquiriendo el lago y el cielo por momentos. No me he querido perder esta oportunidad y me he levantado antes del amanecer para, a pesar del intenso frio, disfrutar de los matices del alba sobre el lago. Inolvidable.

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