Ua Pou, isla soñada de las Marquesas

Símbolo de la autenticidad de la Polinesia, las islas Marquesas eran un completo sueño para mí mientras yo estaba estudiando en Burdeos – Francia.

Durante mi estancia en Europa esos años de mi vida, echaba muchísimo de menos mi isla natal Tahití. Mi vínculo a esta isla y en general a toda la zona del Pacífico, se fue fortaleciendo conforme el tiempo pasaba y parecía que yo me alejaba de mis raíces. En mi interior, sentía que tenía que llegar a conocer mejor nuestras islas de la Polinesia. Y empecé a preguntarme acerca de las Islas Marquesas….tan desconocidas todavía. Su idioma (distinto del tahitiano, aunque no tanto…), su cultura, su estilo de vida y tantas otras cosas… así que cuando volví a mi Tahití natal unos años más tarde, decidí involucrarme en mi cultura. Empecé a bailar el Heiva, me introduje en el mundo de la artesanía polinesia con mi querida abuela, y empecé a mejorar mi nivel de tahitiano.

Y durante esta transición fundamental en mi vida, conocí a una chica de las islas Marquesas en Papeete con quien compartí mi interés por sus islas… una gran amistad nació entre nosotras. Y con toda su amabilidad y sencillez, ella me invitó a pasar 3 semanas en Ua Pou: su isla natal. Yo sabía que esto iba a ser una gran aventura para mi, pero para nada me esperaba que fuera un momento decisivo que marcaría el resto de mi vida.

Verano 2009, un domingo por la mañana (nada menos que las 5:30!) y yo estaba revisando que estuviera todo en mi bolsa de 10kg en mi vuelo de Tahití – Ua Pou. Estaba emocionadísima ante la posibilidad de descubrir finalmente una de las míticas Islas Marquesas. Y a la espera de la llamada de embarque, yo no podía dejar de pensar en la leyenda que recuerda la creación de las islas de este archipiélago:

Fue al caer la noche. Oatea vivía con su esposa Atanua. Ellos no tenían donde vivir, ninguna vivienda donde refugiarse. Un día, Atanua dijo a Oatea, su marido: «¿Qué es de esta, nuestra vida sin una casa? » Las fuerzas divinas le iluminaron sobre lo que debía hacer y esa misma tarde el marido llamó a su esposa: «esta noche voy a construir nuestra casa » La noche estaba llegando y Oatea se levantó y llamó a sus fuerzas. Una vez que la invocación terminó, eligió el sitio de la casa. Una vez puestos los dos primeros pilares, él dijo: «Es Ua Pou”. Entonces, Oatea habiendo tomado la viga madre, la colocó en los dos pilares y la ató con una cuerda de fibra de coco y dijo: «Es Hiva Oa”. Luego, fijó los polos frontales, el haz del pórtico, las vigas de soporte y la viga inferior. Y a continuación fijó las vigas delanteras, a partir de la viga madre hasta las losas de piedra traseras. Entonces, él dijo: «Es Nuku Hiva!» Con que se cubrirá la casa? Con las hojas de coco. La cubierta se hizo y el dijo… «Es Fatuiva! »

Oatea cavó un hoyo para perfeccionar su trabajo a pesar de que el sol ya estaba saliendo, el amanecer llegaba. Y voz de Atanua gritó: «El sol está llegando, brilla mucho!!» Entonces él dijo: «¡Es Tahuata!” Y agregó: «Desde aquí, podremos escuchar los cantos de los pájaros por la mañana». Entonces él volvió a decir victorioso: «Es Mohotani» Oatea siguió trabajando y no se detuvo. «Voy a recoger la basura y la pondré en el hoyo. » Entonces él me dijo: «Es Ua Huka! » Así Atanua exclamó: » ¡Cuidado! ¡Ten cuidado! La tierra, la tierra de los hombres está brillando!! Y el dijo: “es Eiao»!

Y así cuenta la leyenda que se formaron las islas Marquesas…

Después de un vuelo de 3 horas aterrizamos en Hiva Oa, la Isla de Paul Gauguin. Hicimos una parada en Atuona, que es la capital de Hiva Oa para cambiar de avión. ¿Mi primera impresión? ¡Magnífico! Calidez de las personas, la exuberante vegetación que lo rodeaba y el aeropuerto lindo y pequeño. Luego nos embarcamos en un avión tipo Twin Otter – DHC6 para volar hasta la pequeña Ua Pou. Unos 30 minutos después aterrizamos en la isla llamada según la leyenda, los «dos pilares». Simplemente impresionante! Nos dieron la bienvenida en el aeropuerto más pequeño que he visto nunca. Según marca la tradición polinesia, algunas personas estaban esperando allí con collares de flores locales. Mi amiga me recogió y comenzó este día sumamente brillante del mes de agosto. A bordo de su camioneta, visitamos la zona principal de la aldea: Hakahau. Durante este descubrimiento maravilloso, casi no podía decir ni una palabra, simplemente me quedé admirando los paisajes de Ua Pou. Yo no paraba de hacer fotos a todo: un montón de caballos corriendo, una familia de cabras comiendo, colmenas hechas por el hombre a lo largo de la carretera, la vista de horizonte sin fin en el océano…que desde la vieja carretera por la que circulamos se dibuja en montañas.

Después de una hora recorriendo la zona, ella me presentó a su familia. Lo que puedo decir es que la gente de las Marquesas es muy acogedora. Todos estaban contentos de conocer a alguien nuevo y me invitaron a varios eventos familiares: aniversarios, cumpleaños, etc Probé platos locales como el famoso «kaaku» hecho de la fruta de pan cocido y aplastado al que por encima se le deja caer un poco de leche de coco…delicioso! En apenas 2 dias había conocido prácticamente a todo el mundo y cada vez que salía a pasear por los alrededores de Hakahau, la gente se paraba a saludarme diciendo el local «Kaoha Nui» en las Marquesas. Me sentí tan feliz y completa contemplando la belleza de esta isla… Cada mañana, salía a la playa a contemplar los picos increíbles, que conforman el corazón de Ua Pou.

Una vez cada tres semanas, el barco Aranui III ancla en la bahía de Hakahau. Este barco es una mezcla de pasajeros y suministros para las 6 majestuosas islas Marquesas y va cargado con alimentos, medicamentos, material de todo tipo y vehículos. Cada vez que atraca, algunos de los más grandes artesanos y artesanas de la isla se reúnen en la bahía, bajo un enorme «potee tarifa» (un gran pabellón construido de la forma tradicional). Allí se exhiben todo tipo de joyería local y esculturas hechas de huesos de animales y dientes (cerdos salvajes, los tiburones, las cabras, etc ) , piedras, madera, cáscaras, semillas, etc. Los pasajeros del barco pueden bajar y pasar el día visitando Ua Pou, comprar algunas artesanías locales, etc. Los pobladores también se encuentran en el muelle con su camión con el fin de recoger su mercancía enviada por los miembros de la familia que viven en Tahití.

El domingo por la mañana es el día más importante de la semana en la vida de las Marquesas. De hecho, todos se reúnen en la iglesia del pueblo. Nunca se puede perder este evento…el timbre suena varias veces para recoger a los más rezagados. St. Etienne (la Iglesia Católica en Hakahau) es una verdadera maravilla. Un increíble edificio de piedra, famoso por sus tallas en madera.
El simple hecho de recordar a la gente cantando los himnos religiosos me produce escalofríos de emoción.

Durante mi viaje en Ua Pou, tuve la oportunidad de visitar otros pueblos como Hakamoui, Hakahetau, etc Mi favorito fue Hoho’i situado a unos 40 minutos de Hakahau en coche. Este valle es bastante inusual, ya que está en pendiente.

Hoho’i, (antes llamado Tavaka) tiene una población muy cálida y amable y guarda un precioso secreto….el sitio arqueológico de Mauia recientemente rehabilitado para el Festival de las Artes de Marquesas. Este sitio, es uno de los últimos símbolos de la vida de las Marquesas. Fue construido por los habitantes de Hoho’i entre los siglos 16 y 17 y se quedó como la cohesión de un pueblo a través del comercio, el trabajo y las ceremonias llevadas a cabo en aquel lugar. Mauia sin duda, es el orgullo de los aldeanos y encarna la relación que aún sigue presente entre los hombres, a sus dioses ancestrales, sus ancestros y su tierra.

Hoho’i sostiene otra particularidad: una sola piedra llamada la piedra de la flor. Esta piedra sólo se conoce en dos lugares en el mundo y los artesanos son los únicos que saben donde encontrarla y como trabajarla, haciendo que vean la luz maravillosas obras de arte (joyas, esculturas, etc…)

Más abajo, en el valle, se puede descubrir una pequeña escuela primaria, una pequeña iglesia y una zona de pequeñas casas. Los hibiscos y los limoneros decoran la aldea y cuando llega la noche los cítricos y las fragancias de las flores se mezclan y le ofrecen una explosión de aromas – una verdadera delicia!!

Durante mi estancia allí, algunos aldeanos de Hoho’i, me llevaron con ellos a la caza de cabras a través de senderos impresionantes. Tuve la oportunidad de ver a los caballos salvajes merodeando por ahí, un majestuoso espectáculo de la naturaleza. Me di cuenta de que el hecho de vivir aislado y tratar de ganarse la vida en una isla como esta, no es nada fácil. Allí los hombres tienen que proporcionar a sus familias los alimentos, ya sea de la caza, la pesca o la agricultura. En las Marquesas se sigue viviendo como antaño y en armonía con la madre naturaleza, y ellos son muy agradecidos con ella por todo lo que les da o no. Por desgracia, no tuvimos éxito ese día. Sin embargo, en nuestro camino de vuelta, nos encontramos en la bahía de Hoho’I un pescador de langosta que nos invitó a la cena de su familia para disfrutar de su pesca del día. Y pasé la noche escuchando atentamente algunas leyendas fascinantes e historias familiares fabulosas. Estos son momentos inolvidables.

Podría hablar durante horas sobre mi primer viaje en Ua Pou como esta isla y su gente realmente se robó mi corazón para siempre. Este viaje ha cambiado mi vida… Desde luego, tal como relata la leyenda, “los pilares” de las Marquesas se convirtió en mi paraíso por excelencia.

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