Como en nuestro país, un matrimonio debe oficializarse legalmente mediante la inscripción en el registro correspondiente. Sin embargo, en Tailandia es impensable que este acto no este acompañado por una ceremonia familiar. La inscripción en el registro (normalmente en el ayuntamiento del barrio de uno de los contrayentes) es un acto enormemente sencillo pero también muy frío.

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Las dos personas que quieren contraer matrimonio se sientan delante de un funcionario autorizado y firman un papel que oficializa el matrimonio. No hace falta testigos, no hay intercambio de anillos, no asiste ningún familiar ni amigo, no hay fotos ni regalos ni, por supuesto, banquete alguno. El funcionario se limita a contemplar la firma del documento, estampa en él el sello oficial y despide a los ya esposos de la misma forma como si hubieran ido a renovar el carné de identidad.

 

Sin embargo y curiosamente, este acto es el que da legitimidad legal a la unión. Por cierto, el papel que firman los contrayentes esta dividido en dos partes. La parte superior es la destinada al matrimonio. La parte inferior es la destinada al divorcio de mutuo acuerdo. Si la cosa no va como se esperaba y los contrayentes deciden divorciarse solo hay que hacer los mismos pasos. Delante del funcionario de turno se firmara la parte de abajo del mismo papel que se ha usado para el matrimonio
y… listos. Sólo se entrará en contienda judicial si los contrayentes tienen discrepancias en cuanto a dinero, propiedades, hijos, etc. Y cómo última curiosidad, en las parejas de moral muy estricta, el matrimonio civil no da derecho todavía a dormir juntos.

 

Días después del trámite legal se celebra la ceremonia familiar que tiene lugar comúnmente en casa de la novia. Esta es la auténtica ceremonia de boda (la que vale a ojos de todo el mundo y la que da derecho a dormir juntos). A las 5'30 h empiezan a llegar los primeros invitados, los más madrugadores. La casa se ha puesto "patas arriba", engalanada convenientemente con miles de flores y los muebles han sido dispuestos de manera conveniente. El colorido es espectacular.

 

Alrededor de las 6 h llega el novio acompañado de su familia. Todo el mundo viste elegantemente pero también todo el mundo va descalzo. Los zapatos hay que dejarlos a la entrada. El novio y la novia (que oficialmente ya son marido y mujer 
después del acto en el ayuntamiento) visten a la manera occidental, el con traje y corbata y ella con un vestido que no ha de ser necesariamente el clásico vestido blanco. Ni él ni ella llevan ninguna flor en el treje. En algunas ceremonias de boda todavía puede verse a las parejas vestidas con el traje tradicional, pero esto queda reservado para ambientes rurales alejados de la gran ciudad.

 

Los invitados no necesariamente han de llegar al principio del acto. No se considera de mala educación llegar tarde. En realidad van llegando de forma paulatina y constante. El primer acto es ofrecer la comida a los antepasados. Los novios llevan viandas y bebida que depositarán en la casa de los espíritus, pequeña construcción imprescindible en cualquier hogar tai, en la que se cree que habitan los espíritus de los antepasados que protegen a la casa y a los que viven en ella.

 

Alrededor de las 6'30 h llegan los monjes y empieza una ceremonia religiosa en la que éstos desean suerte a los contrayentes. En mitad de la misma se ofrece la comida a los monjes. Después de una breve pausa en la que tanto monjes como invitados desayunan, la ceremonia prosigue hasta su finalización. El desayuno no tiene nada de especial. Sopa de arroz con carne, lo mismo que se como todos los días. Los monjes se despiden deseando, una vez más, suerte para la vida en común que se avecina y es el hombre el encargado de acompañarles hasta la puerta o hasta su medio de transporte.

 

 

A partir de este momento, continua la ceremonia únicamente con la familia, amigos e invitados. En una sala, donde están previamente expuestos, el novio ofrecerá a los padres de la novia lo que podríamos considerar como una dote que comprende un anillo para la novia, unas cuantas joyas y determinada cantidad de dinero. El novio pondrá el anillo en la mano de la novia. Es habitual que el dinero ofrecido sea regalado por los padres a la pareja para ayudarles a empezar la nueva vida en común o sirva para sufragar los gastos del banquete.

 

El novio no recibe ningún regalo y no llevará nunca ningún anillo ni otro objeto que le acredite como hombre casado. Si las posibilidades económicas del novio no pueden hacer frente a este enorme gasto la novia usará su propio dinero o habrá pedido a sus hermanas que le presten sus joyas (y en casos excepcionales incluso su dinero) para que sean expuestas. Esto se guardará en absoluto secreto pero es, inequívocamente, un acto de aceptación de ellas hacia el futuro cuñado. Muy 
probablemente, cuando termine la ceremonia, las hermanas no aceptaran el retorno de las joyas ni el 
dinero prestado y lo obsequiaran a la pareja.

 


Acto seguido los contrayentes se sentarán en el suelo con las piernas dobladas hacia atrás como símbolo de respeto y los familiares de mayor edad irán ofreciendo un regalo a la pareja que, normalmente, consiste en un sobre con dinero. A su vez, los esposos corresponderán con un presente que suele ser un pequeño objeto de tela.

 

 

 

Posteriormente los novios deberán sentarse en un lujoso banco con una mesa ricamente adornada con flores donde reposaran sus manos juntas a la manera del saludo tradicional tai. Sus cabezas estarán unidas por un lazo blanco que habrá colocado el maestro de ceremonia. Todos los familiares e invitados, colocados en fila india, irán pasando por delante de ellos y les rociaran las manos con agua mientras pronuncian palabras deseándoles buena suerte. Cuando todos ellos hayan pasado, el maestro de ceremonia quitará el lazo y se lo entregará a los ya marido y mujer para que lo conserven.

 

Por último tendrá lugar una comida con todos los asistentes. Hay que remarcar que los novios no suelen comer con los invitados si no que van recorriendo las mesas ofreciendo un ultimo presente a todos ellos que, a su vez, vuelven a desearles suerte en su nueva vida. Suele ser un pequeño objeto en el que están grabados sus nombres y la fecha de la ceremonia. La comida debe ser muy abundante (debe sobrar comida) y suele ser de alta calidad y complicada elaboración. Los invitados se limitan a comer.

 

Es impensable oír los típicos gritos de "viva los novios" o que haya el habitual corte y subasta de la corbata del hombre. Nadie entendería y daría lugar a una situación tremendamente embarazosa para todos que a alguien se le ocurriera subastar la liga de la novia. Tampoco hay orquesta ni baile, no hay pastel de boda ni ofrecimiento de tabaco y no es costumbre beber Champagne ni alcoholes de alta graduación. En contraposición la ceremonia será inmortalizada en miles de fotos y video. Si en algún momento hombre o mujer se sientan a comer no tienen por qué hacerlo juntos (no hay una mesa "presidencial"). Cada uno puede sentarse donde quiera aunque es bastante normal que ella se siente en la mesa de sus familiares más directos o amigos y él con los suyos. Esas mesas no se diferenciaran ni por su emplazamiento ni por su decoración de cualquier otra.

 

Los esposos pueden marcharse cuando quieran. Cuando lo hagan los invitados seguirán con la comida y no habrá despedidas, coches engalanados ni latas atadas en el parachoques. Los invitados se retirarán paulatinamente nada más terminar de comer puesto que no existe la costumbre de la sobremesa. No obstante, en la actualidad es posible que la fiesta continúe con la gente joven en algún local de moda.

Se considera un augurio muy favorable para la pareja si el día de la ceremonia llueve. A diferencia de nuestra cultura, que un día gris suele deslucir una boda, cuanto más abundante sea la lluvia mayor felicidad futura augura.

 

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