¿Preparado para la temporada de auroras boreales? Un espectáculo único de la naturaleza en el que el cielo del ártico y/o antártico se llena de estelas de colores. ¿Te lo vas a perder?

La aurora boreal es una clara demostración de cómo el campo magnético de la Tierra interactúa con las partículas cargadas procedentes del sol. Es hermoso presenciar este fenómeno una vez en la vida, así que merece el desafío de sufrir una noche fría.

Las auroras se centran en los polos magnéticos de la Tierra, visible en una región más o menos circular alrededor de ellos. Dado que los polos magnéticos y geográficos no son los mismos, a veces y debido al aire las auroras son visibles más al sur de lo que cabría esperar, mientras que en otros lugares es más al norte.

En el hemisferio norte, la zona propensa a las auroras corre a lo largo de la costa norte de Siberia, Escandinavia, Islandia, el extremo sur de Groenlandia y el norte de Canadá y Alaska. La zona de auroras en el hemisferio sur es en su mayoría sobre la Antártida, o el Océano Antártico. Para ver las luces del sur (o aurora australis), tienes que ir a Tasmania, y hay avistamientos ocasionales en el sur de Argentina o de las Malvinas, pero esos son muy extraños.

Aquí os traemos algunas hechos acerca de estos deslumbrantes espectáculos de luz:

 

1. Diferentes iones provocan diversidad de colores

La aparición de auroras se crean cuando los protones y los electrones fluyen hacia fuera de la superficie solar y se golpean contra el campo magnético de la Tierra. Dado que las partículas están cargadas se mueven en espiral a lo largo de las líneas de campo magnético, los protones en una dirección y los electrones en el otro. Esas partículas, a su vez golpean la atmósfera. Dado que siguen las líneas del campo magnético, la mayoría de ellas entra en los gases de la atmósfera en un anillo alrededor de los polos magnéticos, en los que las líneas de campo magnético se unen. El aire se compone en gran parte de los átomos de nitrógeno y oxígeno, con el oxígeno convirtiéndose en un componente más grande en las alturas, ocurren las auroras, a partir de unas 96 kilómetros y pueden alcanzar hasta 965 kilómetros. Cuando las partículas cargadas se golpean, ganan energía. Los átomos de oxígeno emiten luz verde y roja veces, mientras que el nitrógeno es más naranja o red.

 

2. Son visibles desde el espacio

Los satélites pueden capturar fotografías de la aurora desde la órbita de la Tierra y las imágenes que obtienen son bastante sorprendentes. De hecho, las auroras son lo suficientemente brillantes para aparecer en gran medida en el lado nocturno de la Tierra, incluso si uno estuviera mirándolos desde otro planeta.

 

3. Existen auroras boreales en otros planetas 

Voyager 1 y 2 fueron las primeras sondas para traer de vuelta las imágenes de las auroras de Júpiter y Saturno, y más tarde Urano y Neptuno. Desde entonces, el telescopio espacial Hubble ha tomado imágenes de ellos también. Las auroras en Júpiter o Saturno son mucho más grandes y más potentes que en la Tierra, ya que los campos magnéticos de estos planetas son órdenes de magnitud más intensa. En Urano, obtener auroras es más raro, porque el campo magnético del planeta está orientado más o menos verticalmente, pero el planeta gira sobre su lado. Eso significa que en lugar de los anillos brillantes que se ven en otros mundos, las auroras de Urano se parecen más a los puntos brillantes individuales, al menos cuando fue espiado por el telescopio espacial Hubble en 2011. Sin embargo, no está claro que siempre sea el caso, porque ninguna nave espacial ha visto la planeta de cerca desde 1986.

 

4. ¿Señales divinas?

En las zonas donde las luces son poco frecuentes, a menudo se toman como malos augurios, como lo hacían los antiguos griegos. Los esquimales, que ven las auroras más a menudo, pensaban que las luces eran espíritus que jugaban en el cielo, y algunos grupos dirían a los niños que no jugaran al aire libre durante la noche para evitar que las auroras los atraparan e hicieran desaparecer. En el hemisferio sur, los maoríes y los aborígenes de Australia lo asocian con incendios en el mundo de los espíritus. Curiosamente, el nórdico antiguo y la literatura islandesa no parece mencionar las auroras demasiado. Los vikingos pensaban que éstas podían ser incendios que rodeaban el borde del mundo, una emanación de la llama del hielo del norte, o los reflejos del sol, ya que daban la vuelta al otro lado de la Tierra.

 

5. Fuego frío

Las luces del norte parecen fuego, pero no se sienten como tal. A pesar de que la temperatura de la atmósfera superior puede llegar a miles de grados Fahrenheit, el calor se basa en la velocidad media de las moléculas. Después de todo, eso es lo que la temperatura es. Pero la sensación de calor es otra cuestión, la densidad del aire es tan baja a 96 km del suelo que un termómetro registrará temperaturas bajo cero allí donde se producen las auroras boreales.

 

6. Las cámaras las captan mejor

Las auroras son relativamente tenues, y la luz rojiza suele estar en el límite de lo que las retinas humanas son capaces de detectar. Las cámaras, sin embargo, son a menudo más sensibles, y con un ajuste de larga exposición y un claro cielo oscuro se pueden fotografíar imágenes espectaculares.

 

7. No se puede predecir un espectáculo

Es casi imposible decir en qué dirección el campo magnético está apuntando hasta que llega. El golpe puede crear una espectacular tormenta magnética y deslumbrantes auroras con ella, o ser un fiasco. Actualmente no hay manera de saberlo de antemano.

 

 

 

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