El avión con destino a Papua es como una máquina del tiempo que te hace retroceder muchos, muchos años, hasta épocas primitivas.

Esta tierra, ya vista desde el aire, sobrecoge por su belleza. Papua es sin duda una de las zonas más salvajes, remotas y desconocidas del mundo.

 

El primer contacto con las tribus locales es imposible de olvidar: su nariz ancha, su corpulencia y su ornamentación típica confieren a este grupo tribal un aspecto fiero.

 

En el valle Baliem, entre valles y montañas, habitan las tribus Dani. Viven en honais y ataviados con una koteka.

 

Sus pies parecen manos y su fuerza impone... Sus gemelos, son más grandes que nuestras piernas y sus pies parecen manos. Corren sobre piedras, cargados con mochilas, comidas...simplemente deja sin palabras ver su fortaleza.

 

Comen una especie de patata dulce y preparan el fuego con ramas. Cocinan la patata dulce en un horno de piedras cubierto de hierba. Las mujeres trabajan duramente la tierra y se cortan un dedo por cada familiar fallecido.

 

 

 

Puentes colgantes, ríos salvajes, vegetación espesa, tribus primitivas (caníbales hasta hace poco tiempo), herramientas de piedra..., el encanto de lo primitivo que te hace sentir lejos del modo de vida al que estamos acostumbrados.

Papua es el último rescoldo de vida salvaje al que echas de menos cuando regresas al mundo moderno. Desafortunadamente, lo moderno se impone y cada vez se intenta con más empeño  'civilizar' a esta tribu milenaria. Ojala Papua pueda permanecer siendo un lugar perdido en el tiempo....

 

Josep Maria Soler

Corresponsal en Indonesia

 

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